- Ortopedia infantil -
(C100041)

Subluxación glenohumeral inferior en un niño: a propósito de un caso
 

Carlos Garcés Zarzalejo
Rupérez Vallejo, De La Red Gallegos, García Gonzalez

Cirugía Ortopédica y Traumatología
HOSPITAL UNIVERSITARIO MARQUÉS DE VALDECILLA. Santander (CANTABRIA)

Supervisión

Rubio Lorenzo

Médico Adjunto Cirugía Ortopédica y Traumatológica

Historia clínica

Anamnesis

Niño visto a los 5 años de edad con una fractura del tercio proximal del húmero izquierdo tras sufrir un accidente de tráfico.

Examen Físico

A la exploración física inicial en Urgencias, el paciente estaba eupneico, bien perfundido y sin signos de focalidad neurológica. No presentaba signos hemorrágicos ni erosiones externas; sólo se evidencian dolor, tumefacción y crepitación en la región humeral proximal, así como impotencia funcional en el miembro afecto. Los pulsos distales estaban conservados, y las exploraciones sensitiva y motora estaban dentro de la normalidad.

Pruebas Complementarias

- Rx convencional: fractura del húmero proximal izquierdo asociada a una subluxación glenohumeral inferior (fig. 1).

Diagnóstico

Fractura del húmero proximal izquierdo asociada a una subluxación glenohumeral inferior.

Tratamiento

Inicialmente, se decide llevar a cabo un tratamiento conservador con yeso braquipalmar y cabestrillo.

Evolución

En la Rx de control posterior en consulta se observa una subluxación inferior de la cabeza humeral. Por ello se decide retirar el yeso y realizar una nueva Rx de control, en la que se observa la persistencia de la subluxación.

Dada la persistencia del cuadro, se decide, sin éxito, reducir la subluxación bajo anestesia general mediante manipulaciones cerradas. Acto seguido, se realiza una punción articular, en la que se obtiene un líquido articular de aspecto normal no hemorrágico. Se decide proceder, entonces, a la fijación de la fractura con agujas de Kirschner no roscadas.

En la Rx de control postoperatoria se observa la persistencia de la luxación de la articulación.

El curso postoperatorio transcurre dentro de la normalidad, por lo que se retiran las agujas de Kirschner y la inmovilización con cabestrillo a las 4 semanas.

A los 6 meses, el paciente es dado de alta, con la fractura completamente consolidada y la articulación glenohumeral centrada, así como con un rango de movilidad completo (fig. 2).

Discusión

La inestabilidad glenohumeral puede clasificarse en función de varios aspectos: según la dirección (luxaciones anteriores, inferiores, posteriores y multidireccionales); según el grado (subluxaciones o luxaciones), y según la etiología (luxaciones traumáticas o atraumáticas).

La luxación traumática puede deberse a un golpe o bien puede ser secundaria a patología del plexo braquial o a una lesión nerviosa. La inestabilidad atraumática puede ser involuntaria o voluntaria. La primera puede deberse a anomalías congénitas a nivel óseo, en la glena y/o en el tercio proximal del húmero, o bien a colágenopatías congénitas (síndrome de Marfan, Ehlers-Danlos, etc.) o adquiridas por microtraumatismos repetidos. Sin embargo, la patogenia de la llamada luxacion voluntaria se basa en la laxitud fisiológica propia de la edad y en la capacidad de dichos niños de inhibir selectivamente diferentes grupos musculares, lo que explica la subluxación e incluso, a veces, la luxación completa. Clínicamente, no se caracteriza por el dolor sino por su reducción espontánea. Cuando la laxitud está implicada, a nivel glenohumeral suele apreciarse un signo del sulcus positivo y unas pruebas de traslación anterior y posterior positivas; al explorar otras articulaciones, e incluso la piel, muestran también gran laxitud. La dirección de la inestabilidad suele ser anterior o inferior; el deltoides juega un papel fundamental, así como los rotadores internos: mientras unos se inhiben, los otros se activan, lo que explica la ausencia de lesiones óseas de tipo Bankart o de lesiones de partes blandas a nivel labral. Por ello, la mayoría de los autores abogan por un tratamiento conservador asociado a una rehabilitación intensa y prolongada.

En este caso, debido al perfil temporal y a la artrocentesis sin evidencia de trauma articular, estaríamos ante una subluxacion atraumática. Debemos tener en cuenta esta posibilidad y actuar de manera expectante; las luxaciones traumáticas, tan comunes en los individuos jóvenes y adultos, son la excepción en el niño.

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C100041i_DSC00403.jpg Fig. 1. Fractura del húmero proximal con subluxación inferior de la cabeza humeral.
C100041i_DSC00404.jpg Fig. 2. Fractura del húmero proximal consolidada y resolución espontánea de la subluxación.

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