- Cadera y muslo -
(C100343)

Artritis séptica de cadera

Tomás J. Sánchez Lorente
J. Ojeda Díaz, M. Alonso Galán, M. Vázquez Ronda

Cirugía Ortopédica y Traumatología
HOSPITAL NUESTRA SEÑORA DEL PRADO (1). Talavera de la Reina (TOLEDO)

Supervisión

C. Vicario Espinosa

Jefe de Sección

Historia clínica

Anamnesis

Varón de 29 años de edad de nacionalidad rumana con antecedentes personales de absceso tuberculoso en el miembro inferior derecho en la infancia que acudió a Urgencias por presentar dolor en el muslo derecho de 4 meses de evolución.  

Examen Físico

A la exploración, el paciente estaba afebril. Se observó la claudicación de la marcha. A la inspección, se evidenció una tumefacción fluctuante en la cara lateral del muslo derecho con rubor, tumefacción y calor. Asimismo, se objetivó que el miembro inferior derecho estaba acortado, atrofia cuadricipital, cicatrices quirúrgicas en la cara anterolateral y ausencia de alteraciones neurovasculares distales. La exploración reveló la limitación global a la movilidad de la cadera activa y pasiva.

Pruebas Complementarias

• Analítica: sin alteraciones relevantes, salvo un nivel de proteína C reactiva (PCR) de 16,3 mg/l.

• Rx de pelvis y fémur derecho: osteólisis acetabular y cervicocefálica femoral con luxación central y desplazamiento vesical (fig. 1).

Diagnóstico

Se estableció diagnóstico de artritis séptica de cadera.

Tratamiento

Tras el preoperatorio y la valoración por Anestesiología, se procedió al drenaje quirúrgico de urgencia, en el que se obtuvieron 2 l de contenido purulento. Tras la limpieza y el desbridamiento, se remitieron muestras a Microbiología, y se apreció un trayecto fistuloso que comunicaba con la articulación coxofemoral. Dado su antecedente patológico, se inició tratamiento con cuatro fármacos antituberculosos y antibióticos de amplio espectro. Se solicitó una RM de columna lumbar y una TC abdominopélvica. En la imagen de la RM no se apreciaron alteraciones significativas, mientras que la TC reveló un absceso intrapélvico (fig. 2). Consecuentemente, se realizaron un drenaje percutáneo bajo control de TC y otro aspirativo, y las muestras fueron remitidas nuevamente a Microbiología. En los días posteriores, el paciente presentó picos febriles vespertinos y valores de PCR significativamente elevados. Las pruebas microbiológicas para micobacterias y bacilos ácido-alcoholrresistentes resultaron negativas.  

Evolución

Dada la evolución tórpida de la lesión, se decidió, en sesión clínica, realizar una técnica de Guidlestone, y las muestras obtenidas fueron remitidas a Anatomía Patológica para su estudio. Macroscópicamente, se objetivaba una infiltración por pequeñas vesículas de diferentes tamaños, sin que existiera una clara delimitación entre los tejidos sanos o con ellos. Microscópicamente, se evidenciaron lesiones no específicas, indicativas de osteítis destructiva. Todo ello apoyó el diagnóstico de hidatidosis ósea por Tenia echinococcus multilobular. El paciente se negó a someterse a una artroplastia total de cadera y solicitó el alta hospitalaria voluntaria.

Discusión

La hidatidosis es una zoonosis producida por dos tipos de Echicococcus: Granulosis y Multilocularis, con reservorio en zorros, gatos, perros y cerdos domésticos1. La primoinfección se localiza en el hígado con una incubación media de 15 años.  Actualmente la hidatidosis ósea, descrita en 1706, es considerada una lesión primaria más que secundaria a diseminación. Es extremadamente inusual (0,2-2,5% de las hidatidosis); sólo se han descrito 18 casos2. En su localización ósea, los quistes permanecen silentes con cambios radiológicos inespecíficos. El diagnóstico es tardío, cuando ya existe osteólisis u osteomielitis3. Las localizaciones más frecuentes son la columna dorsal (absceso del psoas) y, con menor frecuencia, la pelvis y los miembros inferiores. La clínica (dolores errático, febrícula, impotencia funcional) y la Rx suelen ser inespecíficas.

El diagnóstico viene dado por los estudios de RM y TC, que es corroborado por Microbiología y Anatomía Patológica. Su pronóstico es incierto, dada la destrucción ósea que conlleva. El tratamiento debe combinar la cirugía con la quimioterapia, aunque la efectividad de esta última es dudosa en caso de hidatidosis ósea4,5. El diagnóstico precoz de esta entidad se requiere de gran pericia, hecho que se ve dificultado por las características inespecíficas de la enfermedad. Una buena anamnesis puede orientar al facultativo a enmarcar la etiopatogenia de estas lesiones, que suelen aparecer en pacientes procedentes de regiones endémicas.  

Bibliografía

1. Ecker J. Epidemiology of Echinococcus multiloculares and E. granulosus in central Europe. Parasitol. 1997; 39-4: 337-44.

2. Loudiye H, Aktaou S, Hassikou H, El -Bardouni A, El-Manouar M, Hajjaj-Hassouni N, et al. Hydatid disease of bone review of 11 cases. Joint Bone Spine. 2003; 70: 352-5.

3. Campoy E, Rodríguez-Moreno J, Del Blanco J, Narváez J, Clavaguera T, Roig-Escofet D. Hydatid disease. An inusual case of chronic monoarthritis. Arthritis Reum. 1995; 38: 1338-9.

4. Papanokolaou A, Antoniou N, Pavlakis D, Garas G. Hydatid disease of the tarsal bone a case report. J Foot Ankle Surg. 2005; 44: 396-400.

5. Zlitni M, Ezzaouia K, Lebib H, Karray M, Kooli M, Mestiri M. Hydatid cyst of bone: diagnosis and treatment. World J Surg. 2001; 25: 75-82.
 

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C100343i_pelvis Echinoccocus3.jpg Fig. 2.
C100343i_pelvis Echinoccocus4.jpg Fig. 1.

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Datos libro publicado

Título: Visor web de Casos Clínicos de Residentes en Cirugía Ortopédica y Traumatología 2011
ISBN: 978-84-7989-690-4